dejar ir

No es rendirse, es dejar ir

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La otra noche vi una escena de una serie en la que una chica estaba herida. Durante un terremoto, una barra de acero había travesado su pierna y estaba atrapada en un sótano en el que se había roto una tubería y el nivel de agua no dejaba de subir. Un médico intentaba ayudarla y mientras le daba conversación para distraerla. Charlaban sobre el reciente desengaño amoroso sufrido por el doctor con una chica llamada Lea:

ÉL:          Eso de “seguir adelante”, ¿no es realmente “darse por vencido”, “fracasar”?

ELLA:     ¿De verdad crees eso? ¿Que has fracasado? Aceptar la derrota nos hace más fuertes.

ÉL:          Negarse a aceptar el fracaso hace que no fracasemos. Si seguimos luchando hasta conseguirlo…

ELLA:     ¡Eso no es cierto! Nos atrapa y no nos deja avanzar hacia otras victorias.

(…)

ÉL:          No necesito parar el agua. Solo ralentizarla.

ELLA:     Se te da bien adaptarte a las dificultades.

ÉL:          Sí, es verdad.

ELLA:     Seguir serrando obsesivamente no iba a funcionar.

ÉL:          No.

ELLA:     Pero no ha sido un fracaso. Porque cortar la barra no era el objetivo, sino salvarme. Y tu objetivo no es Lea. Es el amor.

Nos han enseñado que, si luchamos con todas nuestras fuerzas para conseguir algo, antes  o después lo acabaremos consiguiendo. Que es solo cuestión de esfuerzo, de ganas, de insistir. Y no siempre es así. Hay cosas que no pueden ser.

Una meta puede ser algo que nos motive a trabajar, a luchar, a seguir con nuestra vida, pero también puede ser un ancla, algo que nos lastre, que sea únicamente fuente de frustración y nos haga mucho daño.

¿Cuántas veces nos ha pasado esto? Estar emperrados en algo que parece no llegar nunca hagamos lo que hagamos. Cuando esto ocurre hay diferentes cosas que podemos intentar.

Podemos, por ejemplo, dejarlo para más adelante si vemos que éste no es el momento más adecuado. Algunas cosas no se pueden conseguir aquí y ahora y eso no significa que no vayan a darse nunca.

Otras veces podemos buscar nuevos modos de intentarlo, aunque tampoco sería necesario agotar los cartuchos. Cambiar de opinión no nos resta validez.

Pero también puede ocurrir que llegado un determinado punto nos demos cuenta de que ese trabajo, esa persona, ese lo que sea, no es para nosotros o que las circunstancias que lo rodean no están a nuestro favor y no está en nuestra mano modificarlas.

Comprender y aceptar esto puede resultar un duro golpe. Por eso es importante valorar los pasos dados, el tiempo y esfuerzo invertidos y todo lo que hemos conseguido hasta este punto.

Es el momento de reevaluar. Pensar qué hemos aprendido hasta aquí de todo lo que llevamos andado. Darnos un tiempo para tomar decisiones, marcarnos nuevos objetivos y elegir un nuevo camino. O, simplemente, seguir caminando, porque como decía Machado “se hace camino al andar”.

Podríamos elegir un camino totalmente nuevo o reformular o simplificar nuestras metas:

¿Mi verdadero objetivo es que mis hijos sean de determinada forma o tener con ellos una relación de amor y respeto? ¿Mi objetivo es tener un vientre plano o es cuidar y querer a mi cuerpo? ¿Mi objetivo es vivir de la música o que ésta forme parte de mi vida? ¿Mi objetivo es que una determinada persona sea mi pareja o es dar y recibir amor?

También podemos revisar nuestras metas después de reformularlas. Es posible que hayamos alcanzado alguna y ni siquiera nos hayamos dado cuenta porque tenemos el foco puesto en otro lugar, y nos estamos poniendo una exigencia extra por darle una vuelta de tuerca más.

Tener objetivos en la vida es necesario. Hacen que tengamos algo por lo que levantarnos por la mañana y nos da grandes momentos de felicidad cuando lo logramos. Diferenciemos aquellos que son realistas y alcanzables de los que nos están atando y no son buenos para nosotros.

Renunciar a algo duele porque supone una despedida. Es decir adiós a lo que pudo haber sido y no fue. Pero, como dice una canción de Birdy, “No es rendirse, es dejar ir”.

[Desconozco la autoría de la imagen. Si tú lo sabes, puedes escribirme y lo añado encantada]

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