Desde mi punto de vista, perder a un ser querido es una de las experiencias más difíciles que puedo vivir, ¿a ti te pasa igual? Sea de una forma u otra, es clave entender que el duelo es un proceso inevitable y único para cada una.
Cuando hablamos de “ser querido”, no solo nos referimos a familiares, sino que puede ser una pareja, una amistad, una mascota o cualquier persona importante en nuestra vida.
Aunque tradicionalmente se han descrito “fases del duelo”, no todas las personas pasamos por ellas en el mismo orden ni de la misma manera. Cada duelo es personal y válido.
¿Qué es el duelo?
El duelo es la respuesta natural a la pérdida, entendiendo que el dolor es inevitable y que las formas que tenemos para adaptarnos a ella son muy variadas.
Cada persona lo vive de manera distinta, ya que, no hay una forma “correcta” de sentir, ni un conjunto de emociones que tengan que estar presentes sí o sí. Algunas personas lloran mucho, otras apenas lo hacen, algunas necesitan hablar, otras prefieren el silencio… Hay tantas reacciones como personas y todo esto es válido.
Solo hablamos de un duelo patológico cuando el malestar es tan intenso o prolongado que impide que llevemos a cabo la rutina habitual durante mucho tiempo.
¿El duelo es siempre negativo?
Aunque el duelo pueda implicar dolor, no tenemos por qué clasificarlo exclusivamente como una experiencia negativa. Con el tiempo, la pérdida puede dar lugar a diferentes cambios importantes, como, reforzar vínculos con otras personas, valorar más el tiempo y las relaciones, replantearse prioridades en la vida…
Esto no significa que haya un “lado positivo” del duelo, sino que es importante entender que el duelo también puede darnos aprendizaje y crecimiento, ya que, transitar los duelos es un paso necesario para llegar a la aceptación.
¿Cómo nos afecta la pérdida?
Cuando fallece alguien importante para nosotros aparecen manifestaciones variadas, a nivel de pensamientos, conductas, emociones o síntomas físicos, que se dan de diferente forma en función de la persona.
Las emociones más comunes son: la tristeza, la rabia, la culpa, el alivio, la soledad o incluso la calma. Algunos de los pensamientos que pueden aparecer son: la incredulidad, la confusión o la necesidad de encontrar explicaciones.
En cuanto a los síntomas físicos, puede darse: el cansancio, la presión en el pecho, las molestias estomacales, entre otros. Y en relación a las conductas, hay personas que se aíslan, otras que tienen dificultades para retomar sus rutinas, otras que evitan conversaciones o lugares…
Estas manifestaciones cambian a medida que pasa el tiempo y pueden llegar a ser contradictorias. Incluso cuando es así, siguen formando parte del proceso.
Factores que influyen en que cada duelo sea diferente
Hay factores que influyen en cómo vivimos la pérdida, como, el tipo de pérdida (no es lo mismo una muerte repentina a una que es esperada), la relación que tuviéramos con esa persona (si el vínculo es más fuerte, el duelo será más duro), las circunstancias en las que se ha dado la muerte (algunas situaciones como el suicidio pueden hacer que la aceptación de la pérdida sea más complicada por el estigma social que lleva asociado), las propias experiencias que hayamos tenido o el apoyo disponible que nos dan las personas de nuestro alrededor.
Por ello, no resulta muy útil comparar unos duelos con otros, porque cada proceso se va a ver influido de manera diferente por estos factores.
¿Cómo afecta el duelo a nuestras relaciones?
Cuando una persona importante desaparece, cambian las dinámicas entre quienes la rodeaban, y no se sabe cómo va a afectar la pérdida hasta que se da. Los efectos son muy variados, ya que, puede haber acercamientos entre las personas (algunos se apoyan unos con otros y se unen más, fortaleciendo sus vínculos y creando un “equipo”), distanciamientos (se alejan y aparecen los conflictos, sobre todo en los casos en los que ya había tensiones previamente o cuando se dan desacuerdos prácticos) o incluso muchas veces se dan cambios de roles, ya que, es necesario reorganizar responsabilidades y rutinas.
¿Qué puede hacer un psicólogo?
El duelo hay que pasarlo y no existe un remedio mágico para que el dolor desaparezca, pero puede resultar muy útil contar con el apoyo de otras personas, de amistades, de la figura del psicólogo…, entre otras. En concreto, el profesional puede: acompañarnos sin juzgar ni imponer tiempos (cada proceso tiene un ritmo concreto), ayudarnos a entender lo que está ocurriendo, facilitar la comprensión y la expresión de las emociones y mejorar la comunicación con otras personas, para que entiendan lo mejor posible nuestro proceso.
¿Necesitas hablar con un psicólogo?
A veces, dar el primer paso es simplemente pedir ayuda. Si sientes que necesitas apoyo, puedes contar con acompañamiento profesional.
Pedir citaEl duelo es un proceso complejo y necesario cuando se da una pérdida. No existe una manera correcta de vivirlo ni un tiempo exacto para superarlo. Es clave darse permiso para sentir la pérdida y para apoyarse en otras personas, al igual que hay que respetar tanto el ritmo propio como el de los demás, porque, aunque sea doloroso, es una forma de dar sentido a la pérdida para hacerla frente de la manera más sana posible.


