Cada parte de nuestro cuerpo está interrelacionada y se comunica constantemente. Los dos órganos que se pueden considerar como “Centros de Control” son el cerebro (Sistema Nervioso Central) y el estómago (Sistema Nervioso Entérico) que, aunque no “piensa” como el cerebro, tiene millones de neuronas e influye enormemente en cómo nos sentimos. La Serotonina, que es la hormona de la felicidad, en parte, se produce y se encuentra en el intestino.
Es en esta relación donde mejor se puede ver la importancia de prestar atención a las sensaciones que percibimos en distantes partes del cuerpo. Si estamos ansiosas o nerviosas porque nos vamos a presentar a un examen, nos suele doler el estómago, vamos mucho al baño o incluso podemos llegar a vomitar. Si nos duele el estómago por alguna enfermedad (virus, bacterias o parásitos) nos cambia el estado de ánimo y nos solemos poner irritables.
Es importante conocer esta relación, a veces no somos capaces de parar y pensar “estoy saturada necesito un descanso”. Nuestro cuerpo lo sabe antes y nos manda alarmas, como hinchazón de tripa, fatiga, cambios emocionales, dolor intenso de estómago o de cabeza, diarreas o estreñimiento.
Al vivir en una sociedad llena de obligaciones y responsabilidades, vivimos en automático, con la marcha puesta. Tenemos la sensación de que parar y descansar es perder el tiempo o que, si lo hacemos, luego no podremos llegar a todo. Al llenarnos de exigencias y compromisos, nos podemos olvidar de nosotras mismas y dejar de escuchar a nuestro cuerpo.
Atender a nuestro cuerpo, no significa alertarse por cualquier síntoma, sino desarrollar una mayor conciencia corporal. Parar unos minutos al día, cuestionarnos cómo estamos y ver si nos sentimos tensas, cansadas, revueltas …etc.
La consecuencia de no hacerlo es que aguantamos hasta que no podemos sostener más las molestias, y debemos saber que, en ese punto, el problema ya ha pasado de un grano de arena a una posible montaña. Por eso es tan importante atender nuestras necesidades cuanto antes y no cuando nuestro cuerpo nos grite desde lo alto de la montaña.
Atender a nuestro cuerpo es una forma de autocuidado, implica atender necesidades básicas que, a menudo, descuidamos: descansar lo suficiente, alimentarnos de forma adecuada, movernos y gestionar el estrés. Son aspectos simples, pero fundamentales para mantener el equilibrio entre cuerpo y mente.
La próxima vez que sientas una molestia, en lugar de ignorarla, puedas hacerte una pregunta sencilla: ¿qué necesita mi cuerpo en este momento?


