cansancio mental

Cansancio mental: El cansancio que no se quita descansando

¿Has notado alguna vez que te tumbas en el sofá a descansar, y que, aunque tu cuerpo está relajado, tu mente sigue funcionando?

Ese cansancio no es exactamente físico y no suele ser fácil de explicar. Es una sensación en la que se siente la mente cargada, el cuerpo sin energía y la impresión de ir con prisa incluso cuando no tienes nada que hacer. Muchas personas se sienten muy cansadas, pero no saben muy bien de qué. No les ha pasado nada grave. Sus vidas, en apariencia, funcionan. Y, aun así, hay algo que les pesa, que les satura.

Este agotamiento se suele instaurar de manera silenciosa. No llega de golpe, va instaurándose poco a poco. Cuesta desconectar y parece que los pensamientos no llegan a detenerse nunca.

Vivir en este estado de agotamiento se ha ido normalizando, hasta el punto en el que cuesta reconocerlo como una señal de algo más profundo.

Vivir en modo exigencia

Gran parte de ese cansancio está muy asociado con la forma en la que nos relacionamos con nosotras mismas. No siempre es nuestro entorno el que nos agota, muchas veces es la exigencia interna constante. Esa sensación de que tenemos que poder con todo, de no parar demasiado tiempo, de aprovechar ese tiempo.

El descanso se ha convertido en incomodidad y culpa en vez de en alivio. Cuando nos relajamos aparece la sensación de estar perdiendo el tiempo, de no estar haciendo lo suficiente. Se siente el cuerpo como si siempre hubiera algo pendiente.

Este tipo de vivencia ha sido nombrada también por algunos autores contemporáneos, como Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, que reflexiona sobre el malestar actual. Han describe cómo la exigencia ya no proviene sólo del exterior, sino que en muchas ocasiones viene del propio interior del individuo. Cuando esa autoexigencia se vuelve nuestra forma de vida, el descanso deja de vivirse como refugio y empieza a sentirse como una interrupción inquieta e incómoda.

Cuando sentirse mal no parece una opción

Otro aspecto presente en este tipo de cansancio es la dificultad para permitirse sentirse mal. Vivimos en un mundo en el que priman los mensajes positivos, de seguir adelante pase lo que pase. En este contexto, emociones como la tristeza o el desánimo se interpretan como algo que hay que apartar de nosotros lo antes posible.

Muchas personas tienden a minimizar lo que sienten; “no es para tanto”, “hay gente que está mucho peor”. Sin darse cuenta están invalidando su propia experiencia emocional. El problema es que las emociones no desaparecen por ignorarlas, sino que, cuando no se escuchan, se intensifican.

Sentirse cansada no tiene por qué ser una señal de debilidad, muchas veces es una respuesta lógica a una exigencia continua o una falta de espacios reales para pausar.

La mente que no descansa

Este cansancio también se manifiesta en la mente a través de: dificultad para concentrarse, sensación de saturación, pensamientos que no se apagan. Incluso en momentos de ocio, nuestra mente no para de anticipar, organizar, repasar, etc.

No siempre se descansa cuando paras. El cuerpo puede detenerse, pero la mente continúa. Y sin descanso mental, el cansancio se acumula. Aquí aparece la frustración; “he parado y aun así no me siento mejor”.

Estas señales son una información muy valiosa que nos avisa sobre cómo estamos viviendo y cómo nos relacionamos con nosotras mismas.

¿Qué es el cansancio desde la perspectiva psicológica?

Desde la perspectiva psicológica, el cansancio no tiene por qué ser el problema, a veces es un aviso. Una señal que nos indica que tenemos que revisar el ritmo, las expectativas o la forma en la que nos exigimos.

Escuchar ese cansancio implica permitirnos parar un poco, bajar el nivel de autoexigencia y reconocer nuestros límites sin culpa.

Tal vez nos sentimos cansadas porque llevamos mucho tiempo en modo automático, forzándonos a hacer más sin pensar si ese “más” es realmente sostenible.

CUIDA DE TI

¿Necesitas hablar con un psicólogo?

A veces, dar el primer paso es simplemente pedir ayuda. Si sientes que necesitas apoyo, puedes contar con acompañamiento profesional.

Pedir cita

¿Qué puedes hacer para dejar de sentirte cansado?

Aquí te proporciono algunas formas para reconectar:

Haz pausas sin un objetivo concreto. No todo momento de descanso tiene que ser productivo. A veces simplemente sentarse unos minutos al sol, observar por la ventana o escuchar el sonido de la lluvia puede ayudar a que el sistema nervioso reduzca el nivel de activación.

Vuelve al cuerpo. Cuando estamos agotadas mentalmente solemos pasar mucho tiempo en nuestra cabeza. Caminar, estirarse o prestar atención a tus sensaciones físicas durante unos minutos.

Reduce el ruido mental. Reserva pequeños espacios sin pantallas, redes sociales o notificaciones. Muchas veces estamos cansados no solo por lo que hacemos, sino por toda la información que procesamos.

Pregúntate qué necesitas. Sustituye el “¿qué debería hacer?” por “¿qué necesito ahora?”.

Recupera actividades que te conecten contigo. Leer, dibujar, cocinar o cualquier actividad que no hagas para demostrar ni para rendir, solo por el placer de hacerlas.

Práctica una mirada más amable hacia ti. Muchas veces nos saturamos y, encima, nos hablamos como nos hablaría un jefe exigente y no como un amigo. Pregúntate: “si una a la que quiero estuviera tan cansado/a como yo, ¿qué le diría? ¿cómo le trataría?”

Pausar, aunque solo sea un poco, puede ser el primer paso. Escuchar el cansancio, darle espacio y sentido también es una forma de autocuidado. A veces descansar no es solo parar nuestro cuerpo, sino permitirnos vivir de una forma más suave, a nuestro propio ritmo.

Si te has sentido identificado con alguno de estos síntomas y sientes que necesitas apoyo, nuestros psicólogos en Valladolid pueden ayudarte a entender lo que estás viviendo y encontrar la forma de afrontarlo.

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