aceptación o resignación

¿Conoces la diferencia entre aceptar y resignarse?

En muchas ocasiones, vivimos peleados con la realidad y con las cosas que nos ocurren o que suceden a nuestro alrededor.

Solemos expresar o decirnos a nosotros mismos comentarios del tipo: “Esto no tendría que ser así”, “Esto debería haber sido como yo esperaba”, “No es justo que pase esto”, “¿Por qué a mí?”, “Esta persona debería actuar así o hacer esto o lo otro” … y mil frases más del estilo.

Por eso es tan importante y necesario trabajar la práctica de la aceptación. Poder entender y respetar que, tanto las cosas que vivo como las personas, son como son.

Tener en cuenta la diferencia entre aceptación y resignación es clave para tomar conciencia de en qué punto me estoy situando ante las circunstancias o los problemas y así poder trabajar en ello.

Cuando tú cambias y empiezas a aceptar la realidad, tu experiencia subjetiva de la realidad (antes tan insoportable) también cambia.

Por todo esto, es importante no confundir la aceptación con la resignación.

¿Qué significa resignarse?

  • Resignarse conlleva una actitud pasiva, de conformidad. Comparamos la situación, el hecho o la persona con nuestro ideal, con lo idealizado, y nos lleva a la parálisis y a la impotencia.

*En muchas ocasiones he abordado este aspecto en consulta: lo ideal vs. lo real. Es algo en lo que se puede trabajar y nos permite vivir con mayor calma.

  • La resignación lleva implícita una emoción desagradable y una experiencia de derrota frente a la realidad.
  • La resignación duele, genera sufrimiento porque no estoy del todo de acuerdo con la situación. Es como si nos diésemos por vencidos, esperando a que la situación, la persona, etc., sea de otra manera, básicamente como a mi me gustaría que fuese. Y esto no es posible porque no tengo el control sobre ello.

¿Qué significa aceptar?

  • Aceptar conlleva una actitud activa y de cambio, pero con responsabilidad, valorando recursos y herramientas.
  • La aceptación es mucho más serena, supone optar por dejar de luchar y estar peleados con la vida y afrontarla tal cual viene, de la manera más ajustada y equilibrada posible, sin derrotismos.
  • Aceptar implica soltar, gestionar, liberar, convivir con ello. Poder ver otras perspectivas y otras formas de actuar con más armonía. La aceptación no solo hace referencia a situaciones, sino que podemos aceptar personas, aspectos o rasgos de personalidad. En definitiva, cualquier cosa que nos rodee. También aceptarse a uno mismo.
  • La aceptación no significa que me guste lo que está pasando o cómo es la otra persona, sino que asumo que no está en mi mano cambiarlo o que incluso, las consecuencias que me lleva cambiarlo son más dañinas que beneficiosas.
  • Aceptar no significa conformarme con aquello con lo que no estoy a gusto, sino entender que hay cosas que no dependen de mí. Podemos no estar de acuerdo con algo y, aunque no podamos modificarlo, sí podemos cambiar la actitud con la que nos enfrentamos a ello.

¿Qué cosas dependen de mí y las puedo manejar?

  • Mis emociones
  • Mis pensamientos
  • Mis acciones
  • Mis palabras
  • Mi autodiálogo interno (qué me digo a mí mismo, cómo me lo digo y desde dónde me lo digo)

¿Qué cosas no dependen de mí y sería mejor soltarlas?

  • Los sentimientos de mi pareja
  • No gustarle o caerle bien a alguien
  • Las expectativas que ponen sobre mi
  • Que me critiquen
  • Que mi madre no cambie
  • Que mi familia no me entienda
  • Que mi amiga no siga mis consejos
  • Que mi compañero de trabajo piense mal de mi

Por supuesto que, todo esto, no es algo fácil así de primeras. Sobre todo, hay que tener paciencia con uno mismo, ya que, para llegar a la aceptación, primero tenemos que pasar por un proceso de aprendizaje, consciencia y autoconocimiento que lleva su tiempo.

Otros artículos del Blog

Deja un comentario

× Resuelvo tus dudas.